Homenaje Mexicana

 

CELSO LAFER

 

El premio internacional Alfonso Reyes, instituido en México durante los años 70, es uno de los más importantes premios literarios de América Latina. Con él fueron agraciados, entre otros, Borges, Carpentier, Malraux, Octavio Paz, Harold Bloom. El premio de 2005 fue otorgado a Antonio Candido, que lo recibió el 8 de octubre, en Monterrey, ciudad natal de Reyes.

Antonio Candido fue el primer brasileño consagrado con este homenaje. En la ceremonia de entrega el prof. Rangel Guerra – uno de los grandes estudiosos de Reyes – subrayó la pertinencia de la elección en función de afinidades provenientes de la relación del gran intelectual mexicano con Brasil y la teoría literaria.

Reyes fue embajador de México en Brasil en los años 30 y, en esta condición, un brillante observador de nuestra realidad. Esto se puede verificar a través de la publicación, en 2001, de su correspondencia diplomática, que Antonio Candido comentó y contextualizó en su discurso de agradecimiento. Reyes escribió mucho y bien sobre nuestro país. Recuerdo, por ejemplo, entre sus ensayos de interpretación: El Brasil de una Castaña y Salutación al Brasil. En Rio de Janeiro convivió con lo mejor de la intelectualidad brasileña, como documentó Fred P. Ellison en su obra Alfonso Reyes y el Brasil. Manuel Bandeira evocó su partido en el poema “O rondó dos cavalinhos”, analizado por Antonio Candido en Na Sala de Aula. Alceu Amoroso Lima lo definió como un ejemplo “de figura de proa, pero nada arrogante” – definición que también se ajusta a Antonio Candido.

En la vasta obra de Reyes merece destaque la reflexión sobre la crítica literaria (El Deslinde, La Experiencia Literaria, La Crítica en la Edad Ateniense). Para Reyes (que fue un lector de Fidelino de Figueiredo), el nivel más elevado de la crítica es el del juicio – que deslinda el significado específico de una obra en el marco general de la cultura. Ello requiere la capacidad de moverse con libertad para alcanzar un equilibrio valorativo fruto de sensibilidad, emoción, experiencia y conocimiento. Este, observa Rangel Guerra, es el nivel alcanzado por Antonio Candido por medio de la práctica de una crítica de vertientes adecuadas a la naturaleza de cada texto. Textos traslúcidos, que parecen reproducir la realidad como lo son las novelas realistas de Zona y Aluísio Azevedo y textos opacos, que parecen producir una realidad propia como La Muralla de China, de Kafka, o El Desierto de los Tártaros, de Buzzati, exigen abordajes distintos, como lo muestra Antonio Candido en O Discurso e a Cidade.

Una crítica que obedece a la inclinación de cada texto requiere tolerancia intelectual, como dice Antonio Candido, pero es lo que permite el deslinde reflexivo que extrae creativamente de lo particular de una obra su significado general, situándola en el saldo de las adquisiciones humanas. A esta calidad de la obra de Antonio Candido el lector de lengua española y en especial el mexicano, tienen acceso por medio de dos libros que recogen significativos textos de su recorrido: Ensayos y Comentarios, publicado en 1995 en México por el Fondo de Cultura Económica junto con la Editora da Unicamp y Estruendo y Liberación, antología organizada por Jorge Ruedas de la Serna y Antonio Arnoni Prado, igualmente publicada en México en el 2000 por Siglo XXI. Antonio Candido, que en 1998 recibió el Premio Camões, también está actualmente más accesible para el lector portugués gracias al libro O Direito à Literatura e Outros Ensaios -, una selección de sus escritos organizada por Abel Barros Baptista y publicada por la Editora Angelus Novus, de Coimbra, en 2004.

En el comunicado en el que el Instituto Nacional de Bellas Artes mexicano anunció la concesión del premio a Antonio Candido, también se mencionó el papel por él atribuido al derecho a la literatura. Este fue afirmado por el premiado en una conferencia de 1988 (hoy publicada en Vários Escritos y también en su libro editado en Portugal), en ciclo organizado por la Comisión Justicia y Paz, en la Facultad de Derecho de la Universidad de São Paulo (USP).

En la conferencia, Antonio Candido señala lo positiva que es la aserción de los derechos humanos para la convivencia colectiva. En términos propios, formula el principio de la igualdad y la no discriminación (“incluir al semejante en el mismo elenco de bienes que reivindicamos está en la base de la reflexión sobre los derechos humanos”). Fundamenta la tutela en el concepto, que evocó en Os Parceiros do Rio Bonito, de “bienes incompresibles” del Pe. Lebret, es decir, que no pueden ser negados a nadie. Entre ellos Antonio Candido incluye tanto a los que aseguran la supervivencia física a niveles decentes como los que garantizan la integridad espiritual. De este modo afirma la indivisibilidad entre los derechos civiles y políticos y los económico-sociales y, movido por el sentimiento de fraternidad igualitaria de su ser socialista (cf. Teresina, Etc.), reivindica el acceso generalizado a los bienes incompresibles, y recuerda como la literatura, a partir del siglo XIX, incluye definitivamente a los pobres. Por ello Los Miserables, de Victor Hugo, es una novela ejemplar.

Para él la literatura es una actividad sin descanso: confirma y niega, propone y denuncia, apoya y combate; “no corrompe ni edifica”, pero “trae libremente en sí lo que llamamos de bien y de mal, humaniza en sentido profundo porque hace vivir”. Este es el significado tanto de la literatura sancionada como de la proscripta, que abren nuestra comprensión a la naturaleza, la sociedad, el semejante.

En la política siempre ocurre (y hablo también con el saber de la experiencia) el enlace, tanto en el mando como en el desmando, entre las fuerzas impersonales y lo bueno y lo malo de las pasiones y sentimientos humanos. En ella está presente lo que Hannah Arendt llama “las tinieblas del corazón humano”, al cual la literatura nos da acceso, como lo recuerda ella, a menudo evocando a Shakespeare. Por esto, para el entendimiento de la vida política, es importante una de las facetas de la crítica de Antonio Candido: la representada por su libro Tese e Antítese.

Por ello, y para concluir, percibir mejor, no sólo en la ficción – en el homo fictus de A Personagem de Ficção, curso que hice con él en 1961 – sino en los seres vivos “los crespos del hombre” es una de las muchas cosas que aprendí con Antonio Candido como su antiguo y siempre alumno de teoría literaria y de vida.

Celso Lafer es titular del Departamento de Filosofía y Teoría General del Derecho de la Universidade de São Paulo

 

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